Europa Caducifolia: Un Viaje a los Cuentos de Hadas

Hola a todos de nuevo, amables lectores, en esta ocasión trataremos de hacer un pequeño viaje mental y gráfico por lo que fue el enorme bosque templado caducifolio de Europa Occidental y Central, fuente original de la gran mayoría (si no es que todos) los cuentos clásicos infantiles que en su gran mayoría hemos escuchado al menos una sola vez en todo el mundo occidental, ya sea de forma directa de sus autores originales (los más afortunados) o a través de las descafeinadas, azucaradas y alteradísimas versiones de Disney (gracias a su poder comercial, ésas son las versiones que dominan abrumadoramente el consciente colectivo). Dichos cuentos, en general, fueron fruto de un poderoso contexto natural que dominó al Viejo Continente desde la retirada de los hielos glaciares y continuó de manera poco perturbada por la humanidad (al menos en apariencia) hasta fines de la Edad Media.

Distribución aproximada del bosque templado caducifolio de Europa Occidental y Central (en rosa oscuro, con puntos negros).
Bosques de Sajambre. Picos de Europa. León, España.
Bellino, Calabria, Italia.
Selva Negra, Bavaria, Alemania. (Autor y crédito: VIEW Fotocommunity – Stern).

Poco es lo que sobrevive de estos bellísimos bosques en estado natural prístino, que ahora y antaño se distribuyen desde el norte de la Península Ibérica (y que en España comprenden las estribaciones norte de la Cordillera Cantábrica, así como las planicies que miran hacia el Atlántico, incluyendo Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco) así como los Pirineos occidentales y centrales, y que va hacia el norte hasta las Islas Británicas y el extremo sur de la Península Escandinava, hacia el oriente hasta los Urales meridionales, en territorio ruso, y hacia el sureste hasta las laderas norte de los Montes Cárpatos. Hoy en día podemos encontrar ejemplos de lo que alguna vez fueron en belleza, majestuosidad y diversidad biológica tanto vegetal como animal, en pequeños reductos como el bosque de Muniellos (en Asturias, el mejor conservado y mayor robledal natural de toda Europa), el hayedo de Saja (Cantabria), el hayedo-abetal de la Selva de Irati (en Navarra, y el segundo mayor en su tipo del continente europeo) o el Valle de Ordesa y Monte Perdido (Huesca); fuera de territorio español tenemos grandes ejemplos de este bosque en la Selva Negra (Alemania, el mayor hayedo-abetal nativo de Europa), los bosques de los Vosgos y de las montañas de Auvernia (Francia), el mítico robledal del Bosque de Sherwood (Inglaterra), y el que quizá sea el bosque caducifolio europeo primeval más grande de todos: La reserva de Bialowieza (Polonia), un bosque de roble-tilo-pícea y de roble-carpe-tilo típico de la mitad oriental de la Gran Planicie Centroeuropea.

Alto Asón, Cantabria, España. (Autor y crédito: http://www.foropicos.net).
Chateau de Ferrette, Alsacia, Francia.
Selva de Irati, Navarra, España.
Bosque de Hampshire, Inglaterra.

¿Por qué fueron y son tema prevalente, o al menos escenario de la tradición cuentil europea? Muy sencillo: Salvo las tierras meridionales pertenecientes  a la Cuenca Mediterránea, el resto de Europa estuvo densamente cubierta de bosques templados caducifolios que constituían una masa forestal vasta y difícilmente impenetrable, en cuyo contexto vivieron tanto los primeros hombres del Neolítico (Cro-Magnones), como los sucesivos invasores provenientes del Cercano y Medio Oriente durante la Edad del Hierro. A pesar de la actividad agropecuaria, artesanal y de vida cotidiana de estos grupos humanos, los bosques caducifolios de Europa fueron perdonados en su mayor parte debido al lento desarrollo económico y cultural de las poblaciones del área, en contraste con las florestas y bosques mediterráneas, sometidas primero a la revolución agrícola procedente de Egipto y la “Media Luna Fértil” del Valle del Tigris y el Éufrates, y luego a la intensa deforestación para los nuevos cultivos, la ganadería, el uso urbano, la explotación de metales y las artesanías que siguieron a la detonación del desarrollo de complejas y avanzadas sociedades en las ciudades griegas, el reino de Macedonia así como del expansionismo romano, desde la monarquía hasta el imperio.

Haya europea (Fagus sylvatica).
Abeto blanco (Abies alba).
Roble carballo (Quercus robur).
Tilo de hojas grandes (Tilia platyphyllos).

Sería de igual modo, a pesar de su posterior explotación extensiva, la feracidad de las tierras de la Europa caducifolia lo que traería en buena medida (aunque no exclusivamente) la perdición de estos extensos bosque templados, los mayores en cuanto a extensión territorial de entre todas la expresiones mundiales de este bioma (cubriendo aproximadamente un área total natural potencial de 7.5 millones de kilómetros cuadrados). Los suelos son castaños, grises o inclusos negros, lo cual indica una gran feracidad debido a la abundante materia orgánica proveida por las hojas caídas en Otoño cada año, y que se descomponen a un ritmo gradual, de modo que los hongos y bacterias tienen suficiente tiempo para reducir el tejido vegetal muerto a sus componentes minerales básicos, restituyendo calcio, magnesio, fósforo, nitrógeno y carbono al suelo, en un ambiente húmedo pero de temperaturas medias anuales moderadas. Por otra parte, existe una situación muy curiosa con el régimen de lluvias: Según el diagrama de Whittaker (una muy útil herramienta gráfica que nos permite graficar la existencia de un bioma determinado en función de las temperaturas y lluvias promedio al año), en Europa, en vez de existir un bosque templado deciduo, deberían de existir praderas templadas debido a las bajas precipitaciones anuales.

Roble albar (Quercus petraea).
Castaño europeo (Castanea sativa). (Autor y crédito: Jörg Paul Kaspari).
Arce blanco europeo (Acer pseudoplatanus).
Fresno europeo (Fraxinus excelsior).

Por ejemplo, en Estrasburgo, en el oriente de Francia, caen aproximadamente 600 mm de lluvias al año; en París son 800 mm, los mismos que caen en Bruselas (Bélgica) y Munich (Alemania), lo cual es, en general, insuficiente para el establecimiento y el crecimiento de árboles, pues las lluvias son de alrededor de 1000 mm en promedio en el este de Norteamérica, de 1500 a 2000 mm en los bosques templados deciduos de los Balcanes y el Medio Oriente (norte de Irán y el Ponto Euxinio), y de 1000-1500 mm en los bosques templados caducifolios del Lejano Oriente. ¿Por qué entonces existen en Europa? Recordemos que el continente es una península en el extremo noroeste de Eurasia, ubicado por completo en las latitudes medias, donde los vientos que soplan del Oeste son los dominantes a lo largo del año; dichos vientos, especialmente en Verano, vienen cargado de grandes cantidades de humedad provenientes de la gran evaporación de agua desde un mar tropical y subtropical (el Golfo de México), que envía una corriente cálida a barrer las costas del noroeste europeo; a dichas latitudes el aire es en promedio bastante más frío que en el Golfo, y se condensa, llevando los vientos occidentales dominantes constantes nieblas tierra adentro. El efecto de dichas nieblas (cuya fuerza es mayor en el oeste) compensa esa falta de lluvias, y desarrolla a la vegetación como si las lluvias fuesen mayores.

Olmo de montaña (Ulmus glabra).
Arce real (Acer platanoides).
Tilo de hojas pequeñas (Tilia cordata). (Autor y crédito: Robert Sadowski).
Cerezo común (Prunus avium).

Son esos ambientes brumosos los que dan a los bosques templados europeos de hoja caduca su estereotípico e icónico aspecto sombrío, de acechanza por parte de criaturas y peligros tanto reales como fantásticos: Hadas y lobos, elfos, proscritos, duendes, salteadores de caminos, trolls u osos pardos, además, desde luego, de un laberinto de árboles en apariencia iguales que nos confunden y nos llevan a la perdición en las profundidades de las florestas. La niebla, en especial durante los fríos otoños, contribuye a disminuir la sensación térmica a causa de la gran humedad del ambiente, que parece colarse hasta los huesos, incluso pes a que se lleven ropas abrigadas y a que, sobre todo en la mitad occidental de la región, la constante influencia del mar haga que los inviernos sean bastante más suaves que en el mismo bioma en los Estados Unidos, el Cáucaso, China o Japón. Ésta es sobre todo la estampa de los hayedos o de los hayedos mezclados con coníferas, los cuales dominan una buena parte, quizá mayoritaria, de los bosques mixtos caducifolios europeos, con sus copas altas y densas, que mantienen atrapada a la humedad a pocos metros del suelo, y cuya sombra disminuye mucho su evaporación por el sol.

Carpe europeo (Carpinus betulus).
Tejo europeo (Taxus baccata).
Arce común (Acer campestre).
Pino albar (Pinus sylvestris).

Pero, ¿Cómo están conformados estos bosques? ¿Cuáles son sus principales características vegetales? En primer lugar, tenemos que, de las cuatro expresiones mundiales de bosques deciduos templados (en Norteamérica del Este, Sureste de Europa-Oriente Medio, el Lejano Oriente y, por supuesto, Europa Occidental-Central) tenemos que esta última y la que aquí nos atañe es la más pobre de todas en términos florísticos; es muy común que los bosques estén dominados por kilómetros por rodales monotípicos (o sea, de una sola especie) y, salvo en ciertas zonas, las florestas no contienen más de tres a cinco árboles dominantes. Como ya hemos comentado antes en este espacio, esto se debe en gran medida a los devastadores efectos de las cuatro glaciaciones del Pleistoceno, las cuales azotaron a Europa con mayor virulencia que al resto de la zona templada del Hemisferio Norte, y ello por el hecho de la ubicación tan septentrional del continente y, en específico, de su zona caducifolia, entre los 42° y los 60° de latitud norte, lo cual generó un clima inhóspito para numerosas especies de clima templado-cálido.

Abedúl común (Betula pendula).  (Autor y crédito: Robert Sadowski).
Pícea de Noruega (Picea abies).
Serbal de los cazadores (Sorbus aucuparia).
Nogal de Castilla (Juglans regia).

A pesar de que la expansión de las capas polares también afectó al resto del Hemisferio, en las otras expresiones del bosque templado deciduo no existieron barreras físicas que impidieran la emigración de sus constituyentes arbóreos milenarios principales y característicos hacia tierras más meridionales en donde el clima fuese más cálido y las lluvias de mayor abundancia. En Europa Occidental y Central, las montañas orientadas de Oeste a Este , como los Pirineos, los Alpes o los Cárpatos, así como el Mar Mediterráneo, impidieron la emigración hacia la cuenca occidental de dicho mar, así como a Noráfrica, en donde dichas especies pudieron haber creado lo que se llama “refugios pleistocénicos” de flora boscosa arctoterciaria, como sí lo hicieron en las montañas Ozark , la planicie costera del Golfo, las Sierras Madres mexicanas o los valles del sur de los Apalaches en América del Norte, o en las cuencas protegidas bajas de las montañas Daba, de las Qinling, o en las extensas planicies del extremo Sureste de China,  así como el montañoso norte de Myanmar y de Vietnam, dentro de la expresión asiático-oriental del bioma.

Roble pubescente (Quercus pubescens).
Orón (Acer opalus).
Sorbo silvestre (Sorbus torminalis).
Pino de montaña (Pinus mugo).

De este modo, el bosque europeo central y occidental tiene una fisonomía y vibra decididamente templada, estando totalmente ausentes muchos género termófilos que le dan a sus lugares de origen un aire cuasi-tropical, especialmente en Verano, tales como las magnolias, los manzanillos, los liriodendros, oxydendros, árboles espinosos del aceite de ricino, campanas de plata, árboles katsura, parrotias, kakis, entre otros abundantes y típicos en América del Norte y Asia Oriental. El periodo cálido del año, debido a la fuerte influencia oceánica, la cual llega incluso hasta el centro de Polonia, genera veranos más suaves que en el resto de las expresiones del bioma, por lo que en general no se presentan calores tan tórridos en el estío como en otros bosques caducifolios similares de latitudes medias, ni Inviernos tan rigurosos. Hoy en día, la cantidad de especies distintas de árboles en toda esta área es menor que en las montañas Smoky de los Apalaches meridionales o el área entre los ríos Yangtse y Huang He en China, regiones que no llegan ni siquiera a la décima parte de la extensión territorial de la Europa caducifolia.

Alerce europeo (Larix decidua).
Chopo temblón (Populus tremula).
Cerezo aliso (Prunus padus).
Acebo (Ilex aquifolium). (Autor y crédito: Joaquin Herrero).

Empero, esto no fue siempre así; de acuerdo a los registros fósiles, así como al polen de turberas y otros sitios en donde éste se ha sedimentado, el clima europeo de la región era más cálido que el actual entre el Oligoceno y el Mioceno, haciéndose más fresco hacia el Plioceno, hasta hace apenas 2.7 millones de años. Crecían especies europeas de hicorias (Carya esp.), probablemente más cercanas a las formas chinas que a aquellas norteamericanas, mientras que había numerosas especies de liquidámbares (Liquidambar esp.) a lo largo de las zonas ribereñas y aluviales, dentro de las cuales es muy posible que el actualmente muy restringido liquidámbar medioriental (Liquidambar orientalis), hoy confinado a la isla de Creta y una minúscula zona del suroeste de Turquía, haya sido un componente principal de los bosques oligocénicos, mientras que se han hallado improntas de hojas que parecen indicar una distribución euroasiática templada del Pacífico al Atlántico del liriodendro o tulipero chino (Liriodendron chinense), además de especies nativas de secuoyas del alba (Metasecuoya esp.), árboles de la alondra (Davidia esp.), campanas de plata (Halesia esp.), sassafras (Sassafras esp.), camelias (Stewartia esp.), manzanillos (Nyssa esp.) falsos alerces (Pseudolarix esp.), oxidendros (Oxydendrum esp.), gingkos (Gingko esp.), magnolias locales (Magnolia esp. ) y falsos abetos (Tsuga esp.), entre otras.

Parque Natural de Redes, Asturias, España.
Bosque mixto en el Tirol, Austria.
Valle de Ordesa, Huesca, España. (Autor y crédito: Objetivo Valencia Fotografía).
Parque Nacional de Söderåsen, Skåne, Suecia. (Autor y crédito: Per Baekgaard).

Es muy destacable la abundancia en el registro fósil del continente de géneros y especies hoy existentes de forma natural en la región del sureste europeo (los Balcanes) y el Medio Oriente, y que confirman a dicha región como un refugio glacial de la original flora europea del periodo Terciario, como de la parrotia de Persia (Parrotia persica), el olmo del Cáucaso (Zelkova carpinifolia), el falso nogal caucásico (Pterocarya fraxinifolia), la mimosa (Albizzia julibrissium), el kaki (Dyospiros kaki) numerosos robles como Quercus castaneifolia, Q. macranthera, Q. hartwitssiana o Q. pontica, pinos como Pinus heldreichii o P, peuce, el haya oriental (Fagus orientalis) o el falso castaño de Indias (Aesculus hippocastaneum), los cuales, al menos en el periodo subtropical del Oligoceno, coexistieron con algunas especies tropicales tales como árboles del pan, canelos, árboles de mango y primitivas cicadáceas, relictos del caluroso clima tropical húmedo del Eoceno europeo. Por otra parte, existe evidencia que apunta que del Mioceno tardío en adelante, hasta antes de las glaciaciones, Europa en realidad estaba dominada por coníferas gigantes con una importante admixtura de árboles caducifolios subordinados en el estrato inferior inmediato, con especies nativas también ya extintas de secuoyas gigantes, secuoyas rojas, abetos de Douglas, arbovitaes, torreyas  y falsos cipreses.

Parque Natural del Somiedo, Asturias, España. (Autor y crédito: Lo Asturiano).
Col Croix Saint Robert, Clermont Ferrand, Auvernia, Francia.
Parque Nacional Fuentes del Narcea, Asturias, España. (Autor y crédito: turismoasturias.es).
Parque Nacional Eifel, Macizo del Rhin, Alemania.

Ya en tiempos históricos, ha existido un pequeño repoblamiento desde la región balcánica y euxinio-cólchica de unas pocas especies arbóreas anteriormente presentes en toda la porción caducifolia del continente, y que se ha dado de manera fortuita gracias a la importancia sobre todo alimenticia de los frutos de dichos árboles. Tal es el caso del castaño europeo (Castanea sativa), traido a europa por los griegos, y difundido sobre todo en el oeste por los romanos, quienes valoraban sus castañas como parte imprtante de la dieta de los legionarios, y como un cultivo de gran aporte proteínico para los campesinos. El siguiente cultivo en reintroducirse fue el nogal de Castilla (Juglans regia), presente en los Balcanes, y cuya nuez es rica en ácidos grasos. Fue en la antigüedad clásica cuando se introdujeron otros cultivos como los duraznos, chabacanos y membrillos, que se añadieron a los nativos manzanos y perales silvestres. Gracias a su alta calidad ornamental, también se ha reintroducido en pequeña escala al falso castaño de Indias (Aesculus hippocastaneum), especialmente desde Alemania hacia el oeste, en donde lso inviernos relativamente suaves le han permitido escapar y reproducirse de forma asilvestrada en pequeños números.

Pomerania, Polonia. (Autor y crédito: Kacper Kowalski).
Gruyeres, cerca de Vevey, Suiza.
Alta Saboya, región de Ródano-Alpes, Francia. (Autor y crédito: Didier Heroux).
Bosque en Zelezne hory (“Montañas de hierros”), tierras altas bohemio-moravias, República Checa. (Autor y crédito: Stock Photo).

Los bosques actuales se pueden dividir de oeste a oriente en función de la influencia oceánica decreciente en ese mismo gradiente, pues a medida que nos desplazamos lejos del Océano Atlántico y su influencia moderadora en el clima los Inviernos se vuelven más fríos, y los Veranos bastante más calurosos. Las principales combinaciones o asociaciones forestales en la mitad occidental son la de haya europea (Fagus sylvatica) y roble albar (Quercus petraea), hayedo-abetal, en donde el haya se asocia con abeto blanco (Abies alba), roble-abedúl con roble carballo (Quercus robur), roble albar y abedúl común (Betula pendula), y la de roble-castaño-carpe, en donde son predominantes los dos robles ya mencionados, el castaño europeo (Castanea sativa) y el carpe europeo (Carpinus betulus). En la Cordillera Cantábrica, los robledales mixtos contienen una rica mezcla de roble albar y carballo, castaño, tilos de hojas grandes y de hojas pequeñas (Tilia platyphyllos y T. cordata), olmo de montaña (Ulmus glabra), cerezo común (Prunus avium), fresno europeo (Fraxinus excelsior), arce común (Acer campestre), arce blanco europeo (A. pseudoplatanus) y, en las estribaciones pre-pirenáicas de Navarra, también arce real (Acer platanoides). En estos bosques se puede encontrar de forma minoritaria y dispersa a especies supramediterráneas como nogal de Castilla (Juglans regia), roble negro (Quercus pubescens) y orón (Acer opalus).

Avellano común (Corylus avellana).
Amelanchier ovalis.

Hacia el este, en Europa Central, muchas especies termófilas como el castaño o el nogal se vuelven más raras, confinándose a valles o cuencas protegidas con microclimas más cálidos. El haya es el amo y señor de los valles con suelos bien drenados, ricos en materia orgánica, ya sea ácidos o básicos, nieblas a lo largo de todo el año y elevaciones bajas a medias. A ella la acompaña más predominantemente el roble carballo, y en menor medida el roble albar. Dentro de los hayedos, tanto en Europa Occidental como Central son comunes los tejos (Taxus baccata) y las matas de acebo (Ilex aquifolium), los cuales son dos de los pocos elementos del sotobosque que pueden resistir la densa sombra que las hayas proyectan de 6 a 8 meses al año, dejando sin sol y sin posibilidades de crecimiento a la gran mayoría de las plantas; en esta región especialmente en regiones montanas a altitudes medias, el haya se hace acompañar por la pícea de Noruega (Picea abies), capaz de germinar y crecer aún suprimida entre las hayas adultas, y que es uno de los árboles más altos de la región, alcanzando hasta 60 m de altura; a éstas dos especies se les une el abeto blanco, el olmo de montaña, el adebúl común y el arce blanco europeo.

Sanguino (Cornus sanguinea).
Frambueso (Rubus idaeus). (Autor y crédito: Jörg Paul Kaspari).

En cambio, en los robledales mixtos la luz del sol entra con mucho más abundancia que en los hayedos, y ello facilita la regeneración y el crecimiento no sólo de los robles y otras especies arbóreas, sino de una rica variedad de arbustos conformada por cornejos, tejos, arándanos, zarzamoras, frambuesas y moras azules. Los robledales centroeuropeos conforman asociaciones junto al carpe europeo y al tilo de hojas pequeñas, o bien, agregada a ésta cubierta forestal la presencia significativa de píceas de Noruega y, en suelos arenosos, de pino albar (Pinus sylvestris); en cañadas y fondos de barrancas, abunda una formación local edáfica dominada por tilos, arces (especialmente arce real y blanco europeo) y fresno europeo. Hacia el límite oriental del haya europea, en donde las heladas primaverales tardías y las bajas temperaturas invernales reducen significativamente su capacidad competitiva, ésta se presenta como una especie secundaria que forma ricos bosques mixtos con roble carballo y albar, carpe europeo, tilos, pícea de Noruega, olmos, fresnos y arces, sobre todo sobre suelos mésicos; como en los robledales mixtos occidentales, también hay sorbo silvestre (Sorbus torminalis) y serbal de los cazadores (S, aucuparia). Los bosques montanos de los Alpes y los Cárpatos, en sus mayores alturas, están conformados por alerce europeo (Larix decidua), la única conífera caducifolia nativa del continente, pino negro (Pinus mugo), chopo temblón (Populus tremula), abeto blanco, pícea noruega y abedúl común.

Cornejo macho (Cornus mas).
Espino común (Crataegus monogyna).

Finalmente, desde el centro de Polonia y los dos tercios orientales de Ucrania en adelante hacia el este, muchas especies de clima oceánico como el haya europea, el tilo de hojas grandes, el arce blanco europeo y el roble albar desaparecen por completo. Aquí, ante un clima casi totalmente continental, dominan los robledales mixtos de roble carballo, generalmente asociados a tilo de hojas pequeñas, carpe europeo y pícea de Noruega; debido a la gran lejanía del océano y al déficit hídrico estival cada vez mayor, así como a las precipitaciones decrecientes, el bosque caducifolio va formando una banda cada vez más estrecha situada entre la taiga boreal al norte y la estepa hacia el sur, de modo que , al llegar a las estribaciones occidentales de los Montes Urales, sólo encontramos el último bastión de la europa caducifolia en el tercio meridional de esta cordillera. La gran continentalidad hace que, en la gran planicie europea de Rusia ya no encontremos carpes, y el bosque se conforme sobre todo de roble carballo, tilo de hojas pequeñas, arce real, olmo de montaña, arce común y abedúl, hallándose píceas sólamente hacia el norte, en los estados bálticos y la taiga de Rusia europea. En los Urales meridionales termina abruptamente la extensión de esta expresión del bioma debido a la gran sequedad y bajas temperaturas al oriente de estas montañas, en una estrecha franja de robles carballos, arces reales y olmos de montaña.

Manzano silvestre (Malus sylvestris).
Zarzamora (Rubus ulmifolius).

Pero, ¿Por qué los bosques aquí descritos tienen tanto que ver con los cuentos de hadas tradicionales? Existen varias respuestas a la cuestión. La primera es que la génesis de muchos de los mitos que se revuelven en torno a él fueron creados a través de la superstición y la religiosidad de pueblos más primitivos que aquellos surgidos en la cuenca mediterránea, con un estilo de vida íntimamente ligado al bosque y a la naturaleza en general, desde la tierra que araban, los robledales y hayedos en donde alimentaban su ganado porcino, así como sus cotos de caza en donde abatían a ciervos, corzos y jabalíes al tiempo que se protegían a sí mismo, a sus familias y a sus animales de granja de los ataques de las fieras carniceras (principalmente lobos y osos pardos). Tanto celtas como pueblos germánicos creían en una diversidad de espíritus y de seres tanto benéficos como nocivos que poblaban la oscuridad de muchos rincones de los, para ellos, interminables bosques, y que podían influir en la suerte de los mortales de la misma manera que los dioses, y que en parte reflejaban su propio miedo hacia lo desconocido que podría estar acechando entre los árboles.

Arándano (Vaccinium myrtillus).
Bonetero (Euonymus europaeus).

Con la cristianización de la región, la nueva religión se mezcló con las antiguas costumbres paganas, lo cual preservó ese folklore unido al bosque en el nuevo entramado de creencias. El desarrollo de la narrativa fantásticas de los hermanos Grimm, Andersen o La Fontaine se nutrió fundamentalmente de la tradición oral europea durante la Edad Media, la cual estaba destinada, en buena medida, a reflejar ante los niños morales y advertencias sobre los enormes peligros que encerraba su inestable y azaroso mundo, uno en el que, muy a diferencia del mensaje de las adaptaciones de Disney, los finales son con mucha frecuencia amargos, los objetivos no se logran obtener pese al tesón y lucha del protagonista, y en el que la muerte toma brutralmente a todos, en especial a los incautos que no se cuidan de loso horrores del entorno cercano, el cual estaba ubicado dentro de los densos bosques caducifolios que no sólo ocultaban fieras salvajes, sino a delincuentes fugados, asaltantes, asesinos e incluso, de forma similar a la antigüedad, a peligros sobre naturales como el demonio, dragones, wyvernos, basiliscos, jabberwockies, y otros monstruos imaginarios product5o de una sociedad agraria, autosuficiente, aislada, muy incomunicada, mayoritariamente analfabeta y extensamente ignorante, aterrorizada además por una poderosa clase clerical y feudal que los ataba de por vida a la tierra de su lugar de origen.

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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. gatinha87 dice:

    Buenos días mi estimado compañerito, me alegra que hayas hecho este tema porque lo relacionas con algo muy femenino: los cuentos de princesas, que me encantan.
    Muchas veces de niñas no entendemos del todo ese encanto profundo que tienen esos cuentos, nls relatan los paisajes de bosques y lo asociamos con lo encantado sin saber realmente el por qué, pero las mentes botánicas como la de usted nos mo recuerda. Falta ser buen observador para saber que la magia reside en esos bellos paisajes de bosques otoñales en las tierras que vieron nacer a míticos escritores de cuentos de hadas como los hermanos Grimm.
    Mil gracias Oreomunnea por recordarme un poco a mi niñez, y no por haber vivido ahí (jamás he pisado Europa), sino porque me siento familiarizada con esos paisajes por ser los testigos de mis cuentos favoritos.
    ¡Gracias totales!

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    1. oreomunnea dice:

      A ti, compañera, me alegra muchísimo que tú y el resto d el so lectores hayan aprendido sobre el surgimiento de la fuente de inspiración que tuvo el folklore europeo de la Edad Media, que serviría de base para l a mayoría d elos cu entos de hadas de la época moderna, saludos cordiales amiga.

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  2. gatinha87 dice:

    Ah, los paisajes que pusiste están de ensueño, y la ignorancia nos hace asociarlos sólo con el centro de Europa, cuando nos has demostrado en este post porqué España merece tener otra apreciación más allá de Madrid, el exótico mediterráneo y el sol de verano. Asimismo, me impactó que lugares tan poco conocidos aquí como Polonia tuviera un bellísimo paisaje boscoso como Bielowieza.
    Te la rifaste amiguito. Gracias por este tema.

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    1. oreomunnea dice:

      España es punto y aparte en Europa en cuanto a diversidad biológica. Salvo los Balcanes, contienen la mayor variedad vegetal y animal del continente debido a su situación de transición entre Europa caducifolia y la Cuenca Mediterránea; el norte de ese país se parece más a Inglaterra o el norte d eFrancia que al resto de la Península Ibérica por su clima y vegetación. Saludotes amiga, nos seguimos viendo por aquí, ya quiero ver a Grumpy en tus manualidades.

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  3. Manuel dice:

    Saludos desde el otro lado del charco. Un reportaje estupendo. Se aprecia mucho trabajo por detrás. Quizás haya algún fallín allí o allá, pero no deja de ser impecable. Siempre agrada que alguien haga mención a la parte de Iberia que no sea sol, playa y sevillanas. El tema del clima y la vegetación en España es muy complicado, sobre todo porque el paisaje se ha degradado hasta el extremo desde que llegaron los romanos. Una leyenda muy popular dice que una ardilla podía cruzar toda la península de punta a punta sin bajarse de los árboles. La extensión de los bosques caducifolios en el norte de la Submeseta Norte( provincias de León, Palencia y Burgos) era mucho más abundante. Esta región es una especie de transición entre el clima mediterráneo y el atlántico, con precipitaciones entre los 500 y 700mm anuales. El problema es que al contrario que en la Europa atlántica, el clima es muy seco en verano, y los vientos húmedos son bloqueados por la cornisa cantábrica. Esto provoca el efecto contrario en las regiones trasmontanas de Asturias, Cantabria y Vascongadas. Estas zonas son muy bonitas de ver en fotos, pero suerte si ves lucir el sol algún día. El verano seco (no muy caluroso, debido a la elevada altitud sobre el nivel del mar) junto a la presión agraria hace imposible la recuperación de estos bosques. Por ejemplo, el haya podría convivir en este ecosistema seco solo si hay un bosque que la proteja de pequeña del tórrido sol veraniego. Una vez que crecen, pueden aguantar perfectamente y alcanzar grandes portes. Las plantas se protegen unas a otras en una especie de relación simbiótica a la espera de que cambie el clima. Los bosques vírgenes mantienen la humedad ambiente que necesitan gracias a su propia transpiración. Una vez que empezamos a cortar los altos robles carballos, albares o rebollos, los álamos temblones, los castaños… este equilibrio se rompe y las especies que vivían a su sombra sencillamente desaparecen. En parte, el roble necesitaba en este verano seco de la propia humedad de sus vecinos para prosperar, por lo que el bosque no puede regenerarse. Muchas especies han aprovechado esta desventaja creada por el hombre para ocupar su nicho ecológico, modificando el ecosistema por completo. Estos suelos son extremádamente fértiles, por lo que son los primeros que fueron roturados por los romanos para cultivar y obtener madera para sus costosas campañas contra los pueblos celtas que los habitaban. Se ha perdido el 99% de estos bosques, quedando algún fragmento como el de la granja de Las Mijaradas, en Hurones, Alfoz de Burgos, o ejemplares de estas especies perdidas cerca de cauces de agua. En otras regiones más lluviosas de montaña, han sido los incendios provocados por el hombre durante milenios con el fin de obtener pastos los que han sustituído el bosque por matorral de brezos, urces, escobas y carqueixas. Esto no sólo ha supuesto una hecatombe a nivel de biodiversidad vegetal, sino también animal. Especies como el oso pardo, el urogallo, el tigre (lince ibérico), etc. han visto su área de distribución prácticamente desaparecida. Aún así, España sigue siendo el país con mayor biodiversidad de Europa.

    ¡Un fuerte abrazo! Ah, la foto de las Fuentes del Narcea se trata del bosque de Muniellos, el robledal mejor conservado de Europa.

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    1. oreomunnea dice:

      ¡Hola Manuel! ¡Muchísimas gracias por tu aprecio y disfrute a este artículo! Me congratulo que tú y otros españoles vean y aprecien más este espacio que es para ustedes, y más teniendo en cuenta que, luego de mi propio país y de los hispanoamericanos en Estados Unidos, España representa la tercera mayor procedencia en promedio de los lectores de este blog. Muchas gracias por la aclaración sobre la imágen de Fuentes del Narcea; según tengo entendido, el bosque de Muniellos no sólo es el robledal mejor conservado de Europa, sino también el más extenso en condiciones naturales bastante buenas.
      Por otra parte, la situación de los hayedos y robledales que comentas en esa zona de transición entre las provincias florísticas Eurosiberiana y Mediterránea dentro de tu país me recuerda mucho a la de algunas “islas en el cielo” del centro-norte y occidente mexicano, así como de nuestros bosques mesófilos de montaña (de Nuevo León a Chiapas): La remoción de la vegetación y el consecuente aumento de la temperatura han hecho imposible la regeneración natural de los bosques de pino-encino, abetal-ciprés, mixto de coníferas y de piñonero-enebro en la primera región, y de especies de géneros subtropicales endémicos así como de aquellas de amplia representación en el oriente de E.U.A con poblaciones disjuntas en México en la segunda, simplemente porque ya no retienen las nieblas de la humedad constante del Golfo de México y el clima más caliente y árido atrae menos lluvias que cuando había cubierta forestal; de la misma forma que en el caso de los hayedos, robles y castañares españoles, las especies mexicanas que aludo no pueden establecer con éxito sus semillas y retoños sin una fuerte cubierta arbórea que retenga la humedad del suelo, del aire y que disminuya la temperatura ambiente en la que crecen. Como en la Madre Patria, los resultados para la fauna han sido terribles: Hemos perdido al lobo mexicano, al carpintero imperial y al oso gris (en la Sierra Madre Occidental), y hemos disminuido mucho las poblaciones de pumas, jaguares, ciervos mulos y cola blanca, lince rojo americano, cotorras serranas orientales y occidentales así como de osos negros, y como es el caso español, con todo y eso seguimos siendo el país más biodiverso de Norteamérica, y el tercero después de Brasil y Colombia en el mundo.
      Mi recomendación para los casos de Palencia, León y Burgos sería intentar renovar los bosques desde zonas riparias en donde se pueden extender hacia tierras altas poco a poco, o bien remedar la sucesión natural primero plantando robles y castaños proveyéndolos de agua suplementaria en Verano, y en cuanto el bosque madure comenzar la introducción de retoños y plántulas de haya que medran bien bajo la sombra de los robles ya establecidos.
      De los hayedos de dicha región, tengo entendido que existen los de Los Cameros (La Rioja), La Pedrosa (Segovia) y el de Riaño (León) ¿En qué tan buenas condiciones se encuentran? ¿Existe algún tipo de presión antropogénica poderosa en dichos reductos del haya en su límite sur de distribución continua en España?
      Debo confesarte que adoro los paisajes de ensueño de todo el norte español, y sí, me encantan los días nublados y de lluvia (por eso disfruto mucho el verano de bastantes precipitaciones en las tierras altas del centro de mi país). De hecho, hice mi máster en el suroeste de Virginia, E.U.A, y aunque seguro ahí hay mucho más sol en promedio que en Asturias, Cantabria o Vascongadas, seguro que es bastante gris, nublado, frío y nevado en invierno, e inclusive, platicando con una amiga española que reside en Santander, me impresionó lo enormemente parecida que es la flora entre ambos lugares; los géneros, y hasta las familias, se repiten a uno y otro lado del Atlántico, sólo con representantes distintos, aunque con la carencia en España de magnolias, liriodendros, manzanillos, campanas de plata, hicorias, liquidámbares, oxydendros, falsos castaños y falsos abetos que en Virginia son parte totalmente común y natural de sus bosques apalachios.
      Me encantó reponder tu muy apreciado comentario y recorrer esa España muy frecuentemente olvidada y omitida por los extranjeros; como descendiente de alteños jaliscienses, yo mismo desciendo por vía paterna parcialmente de navarros que llegaron a fundar Arandas, Tepatitlán y otros pueblos de la región alrededor de 1643, mis apellidos, aspecto físico y hasta mi tipo de sangre (B negativo) lo comprueban, con todo y mi mestizaje, y por ello siento aún mucho apego por España, su cultura y su naturaleza, la cual espero visitar algún día y retratar bajo mi óptica al que, como bien dices, es el país con mayor diversidad natural de Europa, así como el de mayor variedad paisajística del continente. Te pido por favor que le des like a éste y otros temas que hayan sido de tu agrado, pues sólo así este blog crece, se retroalimenta, se vuelve más preciso en su información y me motivan a seguir abarcando al mundo y su naturaleza. Recibe también un muy fuerte abrazo, y espero seguir recibiendo comentarios tuyos en este espacio.

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