Las veces que más miedo he sentido

Hola, de nuevo escribiéndoles y esperando que estén muy bien. Todos los seres humanos hemos estado expuestos al estrés en todas sus variantes, pero hay un tipo de estrés creada por situaciones donde de verdad corres peligro y el miedo no es infundado. Te voy a relatar las mìas.

1. Primer asalto

Allá por 1998 mi madre, mi hermano y yo estábamos viendo algo en unos aparadores, honestamente no recuerdo qué veíamos pero estábamos paradas viendo dentro de un local y vi a lo lejos un hombre en pants, sudadera y tenis viendo por fuera de los aparadores. Justo cuando más entretenidas estábamos vi como de repente y a la velocidad de la luz ese hombre escuálido con una zancada y un zarpazo de tigre le arrebato a mi madre una cadena de oro y se echó a correr velozmente, tanto que en mi mente sólo aparece como cuando a una película le pones en modo cámara rápida. Mi madre se asustó y su instinto se madre le hizo jalarnos a sus hijos y salió despavorida del lugar, tomamos taxi. Teníamos planes de comprar para hacer tostadas y los planes se fueron al caño por el susto. Recuerdo venir caminando a mi casa con ella, era un día lluvioso y nublado y olía a flores y pasto y le decía a mi madre que aún sentía el susto en mi pecho y me dijo que no me preocupara, que estabamos bien y eso importaba mas que lo material. Aún recuerdo al hombre, era alto, muy delgado, moreno, de rasgos indígenas y vestía con sudadera con gorro, pants, tenis y aún tengo su cara en mi mente. No me quedó ningún trauma, años mas tarde entré a una secundaria a una cuadra del lugar del asalto y juato en donde nos asaltaron pasé momentos increíbles con mis amigas, actualmente paso por ahí y rara vez recuerdo el incidente, mas bien recuerdo cosas padrísimas que pasé ahí.

2. Robo infantil frustrado

En el año 1997 era apenas una niña pequeña, mi mente recuerda a mi madre caminando conmigo de la mano en una transitada calle de mi ciudad y en la calle pasó un auto de lujo oscuro con vidrios polarizados y una mujer muy bonita bajó el vidrio mientras el auto bajó su velocidad y la muchacha me enseñó una paleta grande y me hacía señas para que fuera con ella insistentemente, la voltée a ver pero no me sentí asustada, mas bien mi sentir era de extrañeza, y ella seguía insistiendo. Como vio que me voltée hacia mi madre supongo que pensó que le diría y se fue, no recuerdo si subió el vidrio y arrancó o si sólo se fue, esa parte la borré de mi mente. Lo único seguro es que me quería robar, y los malévolos fines por los que ella quería hacerlo pueden ser demasiado y aunque nunca pensé en eso en todos estos años al día de hoy me aterran. En aquel entonces no sentí miedo, ni me generó trauma, incluso lo olvidé a voluntad y no me quitaba el sueño, no sabía nada de la vida. Ahora me surgen las dudas: ¿cómo hubiera cambiado mi destino? ¿Estaría ahora mismo escribiendo en este blog? ¿Estaría tres metros bajo tierra? ¿Sería al día de hoy una prostituta con su vida arruinada porque la forzaron a eso a temprana edad? ¿Sería la mujer decente que ahora soy o me hubieran corrompido? ¿Sería “hija” de una buena familia que sólo deseaba tener un hijo y en su desesperación me habrían raptado? ¿Estaría en otro país con otra familia? ¿Mis órganos estarían en los de otra persona ahora mismo? No lo sé y prefiero no saberlo, y precisamente por eso jamás demostré interés en el tema y preferí olvidarlo. Volví a pasar esa calle no sólo los siguientes días sino toda mi vida y se los juro que jamás recuerdo ese incidente. Puede ser también el origen de mis traumas subconscientes y yo no lo sé, la mente es muy poderosa. Aún la recuerdo a ella, era rubia, de piel muy blanca, traía lentes oscuros, lo poco que alcancé de ver de su ropa se veia que no carecía económicamente de nada. Dudo que me quisieran para adopción, sobrepasaba por mucho los 6 años. En fin, mi consejo: cuiden a sus hijos y no los dejen salir solos a la tienda aunque esté cerca, eso que me pasó fue a una cuadra de mi entonces casa y agarrada de la mano de mi madre, imaginen a un niño solo.

3. Explosión en el Mercado

Me encontraba visitando a unos familiares y tuve el infortunio de presenciar algo terrible. Era 31 de diciembre en el puerto de Veracruz cuando decidimos hacer las compras de último momento de la cena de año nuevo. Nos levantamos temprano y nos fuimos al mercado a comprar todo lo relacionado a la cena. Yo tenía unos 14 años aprox, y nos fuimos contentos a comprar todo lo relativo a dicha celebración. Pues bien, pasamos a ver a mi abuela que vivía cerca de la zona de mercados y mi hermano que en ese entonces era un inocente niño se empeñó en que tenía hambre y quería comer primero, yo hice mi berrinche de que deseaba ir al mero mercado por un cinturón de estilo árabe que en aquel entonces impuso de moda la cantante colombiana Shakira, y era tanto mi fervor de obtener uno similar que deseaba comprarlo, pues ya lo había visto en un puesto del mercado. Mi hermano hizo más berrinche que yo y accedimos a comer primero. Fuimos a un puesto de comida a 8 cuadras del incidente y mientras comíamos tranquilamente vimos unos hombres encapuchados de negro desde una batea de una camioneta aventando explosivos a la calle y el dueño del local pidió calma a sus clientes, recuerdo que una señora que iba con su pareja empezó a gritar y mi mamá comenzó a temblar, el dueño del negocio bajó la cortina de acero a la mitad pero mi mamá cargó a mi hermano, me agarró fuerte de la mano y nos sacó corriendo en dirección a casa de mi abuela. Nosotros no sabíamos que había pasado, pensábamos que era un atentado, pero de repente vimos a lo lejos una columna de humo gigantesca con llamas de lumbre que alcanzaban varios metros de altitud, ¡no sabíamos qué había pasado! Recuerdo que en una calle una niña lloraba con su papá y éste le decía nervioso: “ya hija, tranquila, nos salvamos”.  Cuando llegamos al patio donde vivía mi abuela los vecinos estaban en la puerta de sus casas con una tranquilidad abaoluta, un silencio aterrador pero con un gesto de espanto total. Cuando entramos a casa de mi abuela los vecinos decían muchos rumores, pero a la hora supimos que el mercado donde yo iba a exponer a mi familia para comrpar mi cinturón había explotado debido a la pirotecnia que vendían al aire libre. Nunca supimos qué hacían esos hombres encapuchados tirando cohetes, en las noticias se manejó como que fue algo involuntario pero los que fuimos testigos de esa visión sabemos que fue provocado. Fue el 31 de diciembre más desolador y triste de toda mi vida, mi padre pasó por nosotros en su coche y nuestras manos iban vacías, no pudimos comprar nada porque el mercado había explotado y se nos fue el ánimo por comprar en otro lado, y después supimos que lo mismo pasó con la mayoría de los veracruzanos, nadie quería celebrar. Llegamos a la casa, cenamos algo común y cotidiano y al encender el televisor o el radio se encontraban cubriendo la nota: muertos, familias que iban a comprar su cena y acabaron calcinadas, etc. Estaba desolada pensando en quienes perdieron a alguien, y en lo que pudo haber pasado si mi hermano no hubiera hecho berrinche, y aprendí que no era mi hora y que cuando no te toca, ni aunque te pongas. Lo supe después, no era nuestra hora, al ver que mi madre se graduó años después de su carrera y ver todo lo bueno que me ha sucedido dejé de lamentarme en el “hubiera”, pues con todo lo que me ha sucedido digo con firmeza que no era mi hora. Después me impactó ver por TVE a la ahora reina Letizia dando la nota con su compañero, fue precisamente él quien dijo a lado de ella unas palabras con acento españolque aún taladran mi cerebro: “En la ciudad mexicana de Veracruz sucedió…” 

4. Accidente automovilístico

Mis padres celebraban su aniversario de bodas y decidieron que saldríamos todos juntos a festejarlo comiendo mariscos en una zona bonita. Todo había salido bien, pero al regresar a casa justo a unas cuadras de donde vivíamos chocó con nosotros una camioneta pequeña. Nosotros llevábamos la preferencia porque era una avenida principal, el que no se detuvo fue el de la camioneta. Juro que sentí lo que se siente chocar, de verdad es algo increíble y los que han chocado me entenderán: no te da tiempo ni de asustarte, todo pasa rápido y a la vez en cámara lenta, es difícil de explicar, el sonido del choque es fuerte y te agarra desprevenido, no da tiempo ni de analizarlo, simplemente pasa. Pero cuando el impacto se está llevando a cabo la fuerza del cuerpo es increíble y hace acto de presencia, pues mi cuerpo se fue hacia adelante por efecto del choque pero mi mismo cuerpo en un institno de supervivencia se estiraba hacia atrás sin que yo tuviera voluntad, es raro explicarlo y muy difícil, es mas bien el instinto animal o del cerebro reptiliano loq ue hace que reacciones, mi cuerpo en un intinto de defensa y casi sabiendo inconscientemente que es peligroso dejarme llevar se estiraba hacia atrás con una fuerza descomunal, fue tanta la fuerza de mi cuerpo que me dolían las articulaciones mas que el moretón por el choque. El ser humano es increíble, cuando estás en peligro no piensas racionalmente cómo salvarte, mas bien piensas instintivamente y tu cuerpo funciona solo, sin usar tus pensamientos racionales. Sólo obtuve un moretón, y ni siquiera susto, de niña pocas cosas me daban miedo. Fue un choque sin daños y todos salimos ilesos.

5. Obligada a manejar

Cuando tenía 11 años mi padre era un joven alocado, inconsciente y que vivía la vida, por eso hizo una pendejada que me pudo haber costado. En uan avenida muy peligrosa de alguna ciudad mexicana mi padre venía pasado de copas y me obligó a manejar el carro. Él estaba obsesionado con hacer de mi una profesionista, hacerme una mujer independiente y por eso tenía obsesión por enseñarme a manejar un auto. Justo en la autopista le agarró la risa y le surgió la idea de que yo manejara, yo me negué asustada pero mi papá estando a las risas y con una vibra en él de querer aventuras nuevas y adrenalina me obligó a manejar un tramo, recuerdo que la gente se me quedaba viendo asustada, otros de forma incrédula y mi padre estaba a las risas. Pasó un trailer y mi instinto de supervivencia hizo que yo tomara el volante sin zigzaguear. Al llegar a la entrada de la zona donde vivía en aquel entonces un tránsito detuvo a mi padre, recuerdo que mi papá seguía a las risas y el policía de tránsito dijo por radio unas palabras que jamás se me van a olvidar: “Aqui llamando, una niña de aproximadamente 10 años manejando un Crown Victoria”. Yo iba deprimida y mi papá estaba alardeando que manejé, hasta le habló a sus amigos y se atacaban todos de risa por mi hazaña. Tiempo después me enteré que mi padre se hizo amigo de ese policía de tránsito y se veian frecuentemente.

6. Balacera

Me tocó vivir una balacera por donde vivía antes. Recuerdo que era plena madrugada y se empezaron a escuchar balazos, pero llevaban media hora de oirse al punto que yo dudaba que lo fueran. Le avisé a mi hermano y por whatsapp corroboró que sí eran balazos, pero se escuchaban más fuerte y me asusté, aunque no lo suficiente. Pasó una hora y se hicieron presentes los granadazos, entonces mi hermano y yo nos fuimos abajo de la cama, recuerdo que el piso vibraba cada vez que aventaban las granadas. Estando abajo de la cama tapada con una cobija reflexioné que sólo había visto esto en las películas o en las narconovelas, me sentía en una zona de guerra, cerré mis ojos y por unos instantes sentí el miedo, el terror y la naturalidad con la que la gente del Medio Oriente vive eso que sentí. ¿Por qué lo digo? Porque al principio te aterras, el miedo se apodera de ti cuando oyes unos balazos que podrían acabar con tu vida, pero ese impacto e impresión se van cuando van más de dos horas de balazos, llega un momento en el que te hartas de estar abajo de la cama y tus necesidades fisiológicas se hacen presentes y te obligan a salir de tu miedo (orinar, beber agua, tener sueño). Vi que los balazos no paraban y decidí hacerme algo de comer en plena madrugada, gasté adrenalina y  tenía hambre, llega un momento en el que te adaptas al peligro y actúas con naturalidad. Estaba cocinando con los balazos de fondo, y cuando iba a dormir ya habían parado. 

7. Saqueos

Visité a unos familiares en una ciudad donde hubo saqueos el pasado mes de Enero con motivo del famoso gasolinazo. Recuerdo estar encerrada oyendo música y estudiando inglés cuando escuché unas voces masculinas con acento chilango gritando algo que no alcanzaba a entender.  Le avisé a mi padre y su familia quienes me tomaron por loca. Luego una vecina nos vino a tocar que estaban amenazando con saquear las viviendas, entonces todos los vecinos salimos con machetes y playeras blancas esperando por quienes quisieran robar los patrimonios de la gente. Recuerdo que sentía adrenalina por todo todo mi cuerpo, sentía que estaba en peligro. Fue una noche larga, llena de rumores y jamás pasó nada, después nos enteramos que era gente pagada por el Pri para amedrentar a la población y olvidar el gasolinazo.

8. Pedófilo

Tenía unos 9 años cuando mi madre y unos amigos de ella decidieron llevarnos a un parque a jugar. Mi madre estaba con sus amigos en una banca frente a la zona de juegos, muy cerca de nosotros, casi a dos metros, yo estaba jugando con mi hermano cuando en la banca de atrás vi a un hombre con aspecto de vago que sacó su miembro viril y él vago empezaba a jugar con él. Yo me asusté porque jamás había visto un pene, ¡era una niña! Disimulé que no vi nada pero me bajé corriendo a decirle a mi mamá y a sus amigos y el cobarde agarró su bicicleta y se fue. El amigo de mi madre era policía y me dijo bastante indignado que le hibiera dicho cuando ese señor hacía sus cochinadas para agarrarlo. Aún recuerdo al señor, se parecía a Cepillín de la cara y peinado pero con canas, era delgado, alto y llevaba bermuda que dejaba ver sus   raquíticas y cascorvas piernas, iba en tenis sin calcetines y playera. Imaginense si hubiera estado sola. El mundo está lleno de pedófilos y hago un atento llamado a los padres de familia para que no se separen de sus hijos ni un instante. Quizá ese es mi trauma para no querer tener hijos, el mundo está lleno de pedófilos y de padres que tienen que salir a trabajar y dejar encargados a sus hijos, por eso prefiero no tenerlos, doy gracias que mi madre dejó todo por dedicarse a nosotros, gracias a eso no nos pasó nada.

9. Pedófilo 2

En una escuela primaria de alguna ciudad mexicana, el director era pedófilo. Lo supe porque cada vez que me veia me decía piropos, me decía: “¡que niña tan bonita!” “Adiós preciosa” “que hermosa güera” . Al día de hoy me pregunto si fueron comentarios inocentes, pues todos hemos halagado a los niños, pero si me hacía sentir incómoda en mi niñez había algo extraño entonces, no lo puedo asegurar con certeza, tenía seis años apenas y pude confundir las cosas, pero lo cierto es que sentía intenso miedo cada vez que lo veia,  incluso me llegó a halagar delante de otra compañera quien burlándose me dijo que era para mi el halago y no para ella. Me lo callé, e hice mal. Cuando me cambiaron de escuela a otra ciudad no podía callarlo y se lo confesé a mi madre quien me regañó horrible por haberlo ocultado.

10. Reacción alérgica

Hace años me recetaron Salbutamol, pues padezco de alergias respiratorias y una vez fui casi sin aire y me lo recetaron, y en ese entonces me hizo bien, me recuperé enseguida, lo malo es que no pensé que fuera tan malo. Recuerdo que una vez saliendo de la universidad fui dispuesta a comprar el Salbutamol pero no me alcanzó con lo que llevba de dinero, y lo agradezco, me hubiera puesto muy mal en la universidad. Salí de viaje a una ciudad cercana a la mía y nos paramos en una farmacia a comprar medicamentos para mi abuela qepd y convencí a mi padre de comprar Salbutamol, pues sentía algo en la nariz que me hacía respirar caliente y diferente. Mi hermano andaba mal de la garganta  y a mitad del camino de regreso bebí una cucharada de Salbutamol, mi hermano dijo que quería un jarabe para su tos e irresponsablemente le llené un frasco de salbutamol y se lo di. Al entrar a mi ciudad empecé a sentir un intenso nerviosismo, sentí que el corazón se me salía de la boca, me empecé a poner mal pero me aguanté, pues como padezco ansiedad y se siente parecido lo atribuí a eso, llegué a mi casa y sentí que la cabeza me iba a explotar, las manos las sentía exageradamente temblorosas. Lo peor fue cuando mi hermano se quejó de lo mismo, empezó a ponerse mal, se sentía ansioso en extremo, escuché que le dijo a un amigo que no podía escribir en el teclado de su blackberry. Me puso peor de nerviosa cuando le dijo a mi madre y esta en vez de ayudar nos regañó terriblemente diciendo que nos podíamos morir y me puse el triple de nerviosa y sentía que mi corazón no aguantaría más, nos recomendó tomar leche y ahí estábamos mi hermano y yo de pendejos tomando leche con ayuda de su amigo porque era tanto el temblor que no podíamos sostener ni un vaso. Me puse a llorar y me quedé dormida, me sorprendí de amanecer viva y al levantarme los síntomas se habían ido, y mi hermano estaba bien, pero me sentí culpable por años y desde ahí agarré fobia por los medicamentos.

Les traeré una segunda parte, porque hay más. Espero les haya gustado esta entrada y que les sirva de experiencia.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. oreomunnea dice:

    Hola compañera Gatinha, un gustazo ver de nuevo tus posts en este espacio, pues te diré que a una gran cantidad de estos terroríficos relatos reflejan muy bien la realidad de violencia, crímen y delincuencia que sufre la inmensa mayoría de los habitantes de nuestra patria; un choque automovilístico creo que lo hemos padecido todos en algún momento de nuestras vidas (yo en tres ocasiones); lo de tu incidente con el Salbutamol creo que es algo poco estudiado seria mente en México, pero terriblemente común, la automedicación debe costar miles de vidas al año en nuestro país. En cuanto a mi, una vez me asaltó una banda de estafadores afuera del metro Chapultepec de la Ciudad de México, y unos ladronzuelos de poca monta trata ron de asaltarnos a mi primo y a mi en plena calle con luz del día; de no haber sido porque él se abrió paso entre los dos tipos que le obstruian el paso con su cuerpo ancho y alto (de 1.80 m de alto), sin duda me habrían quitado el poco dinero que llevaba; respecto a lo de esos pedófilos, simplemente escalofriante, lo más cercano a eso que vi fue el de un profe d ela preparatoria ya de edad madura que desnudaba con al mirada a las compañeras que pasaba al pizarrón, sobre todo si llevaban faldas cortas.

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