Terremotos en México: Septiembre negro (Mi experiencia en Ciudad de México)

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Hola mis queridos lectores, como ustedes sabrán este blog lo inicié hace unos ayeres al que amablemente invité a mi gran amigo Oreomunnea, al que le mando muchos saludos y espero que esté bien. Les comento que poco a poco subiré nuevas sorpresas.

Vamos a hablar más directo. Yo viví las experiencias de ambos terremotos en la Ciudad de México. Recuerdo con nostalgia una entrada que hice hace unos ayeres en este mismo blog donde relataba mis experiencias con los terremotos, desearía hacer una fusión entre este tema y el otro pero creo que esto debe ser aparte por ser un suceso tan negro en la historia de México.

7-Septiembre-2017
Yo vivo en otra ciudad donde los temblores no son comunes, y si suceden son leves, llegan a marear y los sientes pero jamás para perder el equilibrio. Pues bien, yo le debía una ida y visita a Ciudad de México a mi pareja, pues se lo estaba prometiendo desde febrero pero por motivos personales que me mantenían ocupada posponía mi salida. No quiero hablar de destino o esas cosas, pero por algo pasan las cosas. Justo en agosto decidí que septiembre era el mes adecuado. Una semana antes de salir de viaje platicaba con mi familia en un desayuno familiar sobre la alarma sísmica, estábamos bromeando sobre qué pasaría si la escucháramos, les dije que la próxima semana yo iba a ir a Ciudad de México y entre broma dije: “A ver si no me toca escucharla”. Pues bien, a mi me encantaba viajar, siempre iba muy contenta pero ese día fue distinto, pues sentía un mal presentimiento. Cuando despedía mi madre en la central de autobuses me iba contenta, pero esa vez fue distinto, sentía que podía no volver a verla y me fui llorando. No tiene caso resumir mi estancia, vamos al grano. El día 7 de septiembre salí a unos asuntos laborales de mi pareja a Polanco. Ese día fue maravilloso, pues la pasamos genial. Aproximadamente a las 10 de la noche nos fuimos a acostar, recuerdo que me puse la pijama, pero pese a que nos dormíamos a las 11 en punto esa noche le dije a mi novio que no durmiéramos aún, que deseaba platicar y que no era bueno dormirse, no recuerdo exactamente por qué, no sé qué hábito cambió esa noche que le pedí no dormirse temprano. Pues justo cuando platicábamos, mi novo dijo: “¡Gatinha, vámonos corriendo, salte como estés!”. Yo le dije asustada y un poco agitada: “¡¿Por qué?”, y dijo: “¡Está sonando la alerta sísmica!”. Mi corazón dió un vuelco, alcancé a salir corriendo y descalza, salimos de su cuarto que está en una azotea en un tercer piso, bajamos unas escaleras de caracol y él le avisó a sus padres que estaba sonando la alerta sísmica. Mientras bajaba las escaleras esa alarma sonaba como las trompetas del apocalipsis, hacían latir más fuerte mi corazón. Al bajar todos a la calle vimos a todos los vecinos afuera, esperando el temblor. Mi suegra dijo que no tardaba en llegar el temblor. De repente se empezó a mover todo en forma de círculos, hasta que me movía un metro adelante y un metro atrás, pero no de forma agitada, tampoco eran movimientos lentos, eran movimientos con una velocidad media. La calle se sentía como si estuviera hueca por abajo, se sentía como un yate en medio de una gran marejada. Luego mi suegro señaló a un automóvil estacionado y exclamó: “Miren cómo se mueve el carro”. Cuando lo vi me quedé anonanada, luego se empezaron a ver relámpagos de forma circular en todas partes del cielo, una cosa espantosa. Parecía  el fin del mundo, el apocalipsis,pues imaginen la escena: la ciudad moviéndose de un lado a otro, gente gritando, luces azules por todo el cielo nocturno y la alarma sísmica de fondo para acompletar el cuadro. Así fue el terremoto del 7 de septiembre. Lo que sucedió después ya no importa y no viene al caso mencionarlo.

19-Septiembre-2017
Mi novio es un hombre sumamente responsable, de hecho es de las personas más responsables que he visto en mi vida.  Ese día debíamos estar a las 10 de la mañana en su área laboral para concretar unos negocios y aprender más sobre ello, y él jamás ha faltado. Ese día, por alguna extraña razón se quedó dormido. Me levanté a las 10:15 yquería despertarlo, pero algo me lo impidió, pensé lo siguiente: “No lo voy a levantar porque es hora y media de camino y vamos a llegar casi a las 12 pm, mejor lo dejo dormido y estaré lista para regañarlo y armarle la pelea de su vida por dormirse”. Acto seguido, me dormí. A las 11 me levanté y lo levanté, discutimos esa cuestión. Le dije: “Amor, no te asustes, ahora mismo va a sonar la alarma sísmica, por el simulacro correspondiente a la fecha de la conmemoración del terremoto de 1985”, y él me agradeció el gesto. Y cuando sonó la alarma ni nos asustamos. Pero una hora después discutimos, pues no olvidaba lo de haberse dormido, mientras discutíamos él me dijo: “Gatinha. vámonos, corre, está sonando la alerta sísmica”, y le dje: “Ha de ser el simulacro”. De repente sentí un leve tirón hacia atrás, como cuando una lancha se hunde un poco, y fue cuando dije: “¡Es en serio, está temblando”!. Salimos huyendo de su habitación, pero al llegar a la escalera de caracol casi al segundo piso sucedió la peor experiencia de mi vida pues todo se movió de forma súper violenta, hasta el punto de no poder sostenerme. Me quedé helada, y decidí quedarme sobre la escalera porque aunque en ese momento no lo pensé de forma racional, lo pensé de una forma evolutiva, que al carecer de techo la escalera no me pasaría nada, pero mi novio me jaló muy fuerte hacia el marco de la puerta del segundo piso y me sostuvo con toda su fuerza. Mientras estaba recargada en él le grité: “¡¿Qué pasa?!” y él dijo: “no lo sé, sólo agárrate”. Luego se empezó a caer todo, ¡era un caso! ¡jamás había visto la violencia de la naturaleza”. POr alguna razón ese momento es como si se quedara congelado, se detenía, sólo vei las cosas caerse, el tocador con todo y cosméticos, la TV, el librero, ¡todo! Por algun razón mantuve la calma pese a la violencia del terremoto, sabía en el fondo que no era mi hora. Cuando el movimiento se alentó, salimos a la calle,, al llegar exploté y lloré, mi novio y su padre me consolaban, me daban agua y pan (para el susto, una creencia de estos lares). Entramos a la casa y todo era un caos, nos pusimos a acomodar todo y lo hice para alivianar el susto. Después me quedó un dolor de cuerpo impresionante, similar  a cuando tuve dengue y le mareo me duró 2 semanas. Estoy viva gracias a que la casa resistió, pero al no darme tiempo de salir, y de no haber resistido la casa, Frida hubiera ido al rescate de mi cadáver, o los japoneses o los topos mexicanos.

En fin, ese es mi relato macabro, vi algo en Facebook que me gustó: sonríele al que va a lado de ti en el metro, no sabes si él sea quien te rescate de los escombros.

Compatriotas, sonríamos a la señora tamalera, a la que vende memelas, al albañil que nos alza una barda, dale el paso al peatón, respeta a los conductores automovilistas, cómprale a la señora que vende artesanías, cómprale al señor que vende relojes…nunca sabes si esas personas podrían ayudarte, porque en CDMX vi a gente de todos los estratos sociales ayudando, desde el  típico niño rico de POlanco hasta al señor humilde repartidor de pollos de la colonia.

México está de pie, esto fue una experiencia y quizá fue el destino, para probar a mi misma mi valentía, y si bien no lo contaré a mis nietos, si a mis sobrinietos. Para muchos, el terremoto fue el fin porque ya habían acompletado su misión, para otros fue un llamado para pisar otro país o ciudad para ayudar a vidas humanas, y para otros más (en el que me incluyo) fue una segunda oportunidad, una nueva vida un jalón de orejas para amar la vida y empezar de nuevo y hacer algo que no me atrevía a hacer: vencer el miedo a vivir con mi novio empezando de cero, un terremoto nos tuvo que sacudir las cabezas para estar juntos, ese terremoto fue el que nos dijo: “Van a estar juntos ya, enfrenten a la vida, no tengan miedo, vivan su vida amorosa ya, ahi les voy para sacudirlos y recapaciten”. Efectivamente, ya vivo con él.

 

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